El fin de esta vida
Soy la mamá de Simone, me llamo Tamara y esta página nace desde el amor que siento por mi nena para recordarla siempre.
Desde que supe que estaba embarazada he escrito sobre ser su mamá: la idea siempre fue que ella heredara toda mi historia registrada en diarios, poemarios y blogs y algún día cuando yo ya no esté, ella pudiera acudir a esas líneas y conocerme mejor, y que con suerte pudiera servirle para su vida adulta donde yo definitivamente no me veía acompañándola (siempre tuve el presentimiento que partiría cuando ella fuer adulta).
Que irónico, ahora soy yo con esos diarios, con este blog escribiendo sobre mi hija después de su desencarnación y no ella leyendome, aquí en este café donde escribo.
Le temo a los inicios de año
El 16 de febrero estabamos camino a la playa junto a nuestra perra Phoebe y mi hermana Gaby, todas con buenos ánimos, en un día lluvioso de febrero, Sufrimos un accidente de coche del cual solo Simo salió herida, aún la pregunta constante es ¿por qué ella? Tenía colocado el cinturón de seguridad, iba detrás mio (la conductora) el lado del impacto fue del lado contrario a donde ella estaba sentada. Luego de la pérdida de control del auto que giro hacía la izquierda e impacto con un árbol, revisé a todos menos a Phoebe, me había olvidado de ella.
Simo estaba golpeada pero consciente, algo mareada, mi hermana tenía una convulsión, salí apresurada a pedir ayuda. Llovía, era feriado y la ambulancia demoró una hora en llegar. Estabamos lejos del hospital y me llevaron donde justamente no podían operar a mi hija. Cuantas horas perdimos por ese error.
Ahora no puedo seguir relatando lo sucedido, tampoco es la intensión de este espacio, más bien recordar lo fantástica que era Simo.
El 21 de febrero desencarnó en el hospital (el de niños donde finalmente la pude llevar por gestión propia y la operaron el mismo 16), mi padre llegó esa mañana al hospital, mi hermana reunió valor pàra ir tambien, Phoebe estaba en depresión en la casa. Yo, sujetando su manito ya hinchada. Aún así, no era creíble aún.
Cómo era posible creer que esta niña tan inteligente, tan hermosa, que todo lo hacía bien no pudiera vencer un golpe en la cabeza. Claramente yo me negaba a creer lo que los doctores me decían desde el primer día del accidente, mi hija tenía las mínimas posibilidades de sobrevivir.
Simone siempre fue una niña muy especial, era tan natural creer que sucedería un milagro. Cosas poco creíbles estaban sucediendo: Mucha gente conocida y desconocida se había enterado del accidente que habiamos sufrido y estaban acudiendo al hospital Roberto Gilbert para apoyarme económica y moralmente; una mamá del colegio de mi hija empezó una campaña para reunir fondos para pagar el deducible de mi seguro que era altísimo y que fue otra razón por la cual mi hija demoró otros 30 minutos en la ambulancia para poder dejarla pasar al hospital (el segundo ) yo debía pagar primero 10mil dólares, pero no era solo eso, debía hacer un trámite burocrático inútil y mientras mi hija , perdía las posibilidades de sobrevivir.
Que inhumano es el sistema de salud en Ecuador, como los bomberos no sabían que al hospital donde nos llevaban no iban a poder atender a mi hija más allá de los primeros auxilios. Que dolor que después de horas me dijeran que ellos no podían hacer nada y que debía esperar una derivación que podía durar días. Inmediatamente busqué una ambulancia privada y la llevamos a otro hospital, uno de niños donde la poca empatía era similar al primer hospital. Me hicieron perder tiempo, una enfermera se olvidó de prender el oxigeno y la llevaba así a hacerse la tomografia; el neurocirujano descargó todo su malestar contra mí porque le hice una pregunta muy natural para compreder la naturaleza de la cirugia de mi hija: me pregunto si el malestar sería por que tuvo que interrumir sus vacaciones para operar a mi hija. Me dijeron que demoraría dos horas desde punta blanca a la ciudad. Pero que llegaría.
El accidente fue alrededor de las 9h45 am y la cirugía tuvo lugar recien al rededor de las 7 pm.
Sigo repitiendo ¿por qué mi hija? ¿Por qué no fui yo, mi perra o mi hermana?
Cuando Simo aún estaba consciente en el auto recuerdo haber visto con horror como dos moscas se le pegaban a ella, sentí terror al sentir que eso era un mal presagio.
Necesito volver a hoy, esta primera entrada entrada ha pasado por muchos días de resistencia sin poder saber como empezar o cómo terminarla y así mismo, vivo día a día, sin saber como estoy de pie, lo cierto es que tres meses después aparecen capas distintas de este duelo, cosas que son tan sencillas como que nunca volveré a escuchar su voz preciosa con explicaciones racionales y lógicas, y solo ahora me doy cuenta. Si me permito ser honesta, siento que ella me habla desde el misterio, desde el pájara rojo del panteón, desde los sueños de mis amigas que me cuentan mensajes que Simo les da para mí. Amo infitamente a mi hija y duele sin límites este amor.
Para Simo, de mamá..